A seis días de Nochebuena mi hijo me dijo que no había sitio para mí en su mesa, mientras usaban el sofá que yo pagué. Su mujer me soltó: No quiero que vengas con uno de esos vestidos de rebajas. No lloré, abrí la escritura de mi villa de 6,4 millones y convoqué a los 35 excluidos… y esa foto los hizo rogar por entrar.

 

PARTE 2

 

 

La primera fue a su hermana Elena.

—Ven a Marbella en Nochebuena.

—¿A un hotel?

—A mi casa.

Después llamó a Javier, un primo mecánico al que Lucía había hecho lavarse las manos antes de tocar sus muebles; a Teresa, una enfermera a la que había insinuado que debía cambiarse de ropa antes de entrar; a antiguos amigos, viudos, trabajadores, familiares divorciados y parientes que habían ido desapareciendo de las invitaciones porque no parecían “adecuados”.

En pocas horas, 35 personas habían aceptado.