PARTE 2
La primera fue a su hermana Elena.
—Ven a Marbella en Nochebuena.
—¿A un hotel?
—A mi casa.
Después llamó a Javier, un primo mecánico al que Lucía había hecho lavarse las manos antes de tocar sus muebles; a Teresa, una enfermera a la que había insinuado que debía cambiarse de ropa antes de entrar; a antiguos amigos, viudos, trabajadores, familiares divorciados y parientes que habían ido desapareciendo de las invitaciones porque no parecían “adecuados”.
En pocas horas, 35 personas habían aceptado.
