Pero el amor ya no podía significar evitarle todas las consecuencias.
—Hoy no.
A la mañana siguiente, Álvaro volvió solo.
Se sentaron con café en la terraza.
—No dormí —dijo—. Recordé todas las veces que permití algo porque enfrentarme a Lucía parecía más difícil.
—No conviertas esto en una guerra contra tu mujer.
—Ella hizo muchas cosas mal.
—Y tú también. Culparla de todo sería otra manera de esconderte.
Álvaro aceptó el golpe.
—Cuando vi la casa, mi primer pensamiento fue cuánto podrías haber hecho por nosotros. Después entendí que seguía mirando tu dinero antes que a ti. Te había reducido a tu piso, a las ofertas, al bolso viejo… y a esperar nuestras llamadas.
Carmen bajó los ojos.
—A veces sí esperaba vuestras llamadas.
Aquello lo quebró más que cualquier cifra.
—¿Algún día podrás perdonarme?
—El perdón no es un premio por llorar 2 días.
—Entonces, ¿qué hago?
—Haz lo correcto aunque yo tarde en perdonarte.
Antes de marcharse volvió a pedir un abrazo.
Esta vez Carmen abrió los brazos.
—Te quiero —dijo Álvaro.
—Yo también. Pero nada volverá a ser como antes.
—No quiero que vuelva a ser como antes.
